viernes, 14 de febrero de 2025

Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano

Algunas versiones indican que, en 1812 –después de la victoria en Tucumán-, Manuel Belgrano y María de los Dolores Helguero Liendo (nacida en San Miguel de Tucumán, el 13 de marzo de 1798), tuvieron un casual primer encuentro en el que él quedó perdidamente enamorado de la jovencita que desbordaba de belleza. Otras afirman que se conocieron el 10 de julio de 1816, en el gran baile que se realizó en la Casa Histórica de Tucumán. Lo cierto es que tuvieron un intenso romance, fruto del cual, a finales de 1818, Dolores quedó embarazada.

Belgrano debió marcharse para cumplir con sus obligaciones militares y –según la versión más difundida, aunque sin documentación-, los padres de Dolores la obligaron a casarse con su primo catamarqueño, Manuel Rivas de Lara.

Manuela Mónica del Corazón de Jesús nació el 4 de mayo de 1819. La pequeña fue bautizada el día 7, siendo sus padrinos Manuela Liendo (abuela de la niña) y su hermano, Celestino Liendo. Debido a la gravedad de su enfermedad y a su delicado estado de salud, Manuel Belgrano solicitó una licencia para atender sus afecciones. Entonces decidió viajar a Tucumán para conocer a su hija aunque consumió sus últimas energías.


El testamento del General


El 25 de mayo de 1820, Manuel Belgrano recibió en su casa al escribano Narciso Iranzuaga, y a José Ramón Milá de la Roca, Manuel Díaz y Juan Pablo Sáenz Valiente, que oficiarían como testigos.

Diez años después de aquella brillante jornada para las Provincias Unidas del Río de la Plata, Manuel Belgrano, uno de los actores principales, estaba postrado en una cama en su casa paterna. Ante el Escribano y los testigos manifestó: “estando enfermo de la que Dios Nuestro Señor se ha servido darme; pero, por su infinita misericordia, en mi sano juicio; temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar éste, mi testamento”.

Al principio realizó una extensa profesión de fe cristiana, con invocación de la Santísima Trinidad, de la Iglesia Católica Apostólica Romana, la Virgen María y otras advocaciones. Luego solicitó que su cuerpo fuera “amortajado con el hábito de patriarca de Santo Domingo” y que lo sepultaran “en el panteón que mi casa tiene en dicho Convento”. Por otra parte, declaró: “Que soy de estado soltero y que no tengo ascendiente ni descendiente”, aunque en otra foja se ocupó de aclarar que su albacea –su hermano Domingo José Estanislao-, “al cual, respecto a que no tengo heredero ninguno forzoso, ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todas mis acciones y derechos presentes y futuros”. En otras palabras, encomendaba a su hermano que se ocupara “de lo que pudiera ocurrir”. En verdad, Manuel Belgrano estaba protegiendo a su hija Manuela Mónica del Corazón de Jesús. Su primogénito, Pedro Pablo Rosas y Belgrano, fruto de su romance con María Josefa Ezcurra, tenía su educación y futuro económico asegurados gracias a que de alguna manera lo habían adoptado –aunque la adopción no se estilaba en los términos actuales-, Juan Manuel de Rosas y su esposa, Encarnación Ezcurra.

Quien quedaba en una situación desventajosa era su hija natural, Manuela. En consecuencia, encomendó a través del testamento a su hermano que se encargue de resolver todos los asuntos ligados a la pequeña tucumana que pocos días antes había cumplido un año de edad y le asignara filiación.

No declaró ningún patrimonio, sólo deudores y acreedores. Luego, con las escasas fuerzas que tenía, Manuel Belgrano firmó su testamento fechado una década después de la gloriosa epopeya de 1810.

Faltaban algunos días para su cumpleaños y otros pocos para su fallecimiento…


Manuelita…


                En su libro "Manuela Belgrano, la hija del General", Isaías José García Enciso describe:

            "El vivir en la casa de los Belgrano y desde luego, a pesar de ser hija natural disfrutar del tratamiento de hija plena y sin distingos, hizo también que Manuela se vinculara con lo más granado y conspicuo de la sociedad porteña. Esto la llevó a participar de reuniones sociales, tertulias y saraos en las casas de mayor renombre y prestigio, como las de las Altolaguirre, Pueyrredón, Balvastro, Escalada y los Alvear, entre otras.
                En una de esas fiestas Manuela y Juan Bautista se conocieron.
              La niña poseía una inteligencia poco común. Era fina y delicada, formal y de gran carácter y físicamente tenía el tipo de los Belgrano. Un cuadro de ella, pintado por el célebre Prilidiano Pueyrredón, actualmente en poder de la Sra. Casiana Belgrano, descendiente directa de Manuela Mónica y por ende, del mismísimo Gral. Manuel Belgrano, nos muestra el parecido con este, su padre.
Alberdi era un joven brillante, notable abogado, culto y prometedor, animador de las fiestas y saraos ejecutando el clavicordio. Lo que se dice un gran partido, al que aspiraron muchas niñas quedando solo en el suspiro, o en el romance furtivo. Era mayor que Manuela en nueve años.
                 Todo indica que entre los jóvenes hubo una primera atracción, que llevó a posteriores visitas en la casa donde vivía la niña.
            Lo cierto, es que después de un corto tiempo se dieron cuenta que no congeniaban y que una pareja entre ellos no era viable ni conveniente. Y entonces lucidamente cortaron. Por cierto que en muy buenos términos, porque esa primera relación se transformó en una amistad cortés y considerada.”


          Al fallecer el canónigo Domingo Belgrano, la niña quedó al cuidado de su tía, Juana Belgrano González de Chas, y de su nuevo tutor, Joaquín Belgrano González. Manuela arribó a Buenos Aires en 1825.

Finalmente, de la educación y el cuidado de Manuela se terminaría ocupando su prima hermana, Flora Belgrano Ramos de Belgrano, hija del primer matrimonio de Juana (casada en primeras nupcias con Ignacio Ramos Villamil y luego con Francisco Chas Pombo). Flora Ramos Belgrano se casó con su tío carnal Miguel José Félix Belgrano González, quien se terminaría convirtiendo en el tutor de Manuela al fallecer su tío Joaquín.

Manuela tuvo al menos cinco hermanas menores por parte de su madre: Rosenda, Griselda, Susana, Felisa y Modesta, hijas todas de Manuel Rivas de Lara. Con ellas no tuvo ningún contacto conocido. Sin embargo, antes de iniciarse la década del ’40, Manuela conoció a su hermano paterno, Pedro Pablo Rosas y Belgrano, que se hallaba radicado en el Azul, con quien sí entabló un estrechísimo vínculo.

A fines de 1848, Manuela viajó a Montevideo (Uruguay), y luego a Pelotas (Imperio del Brasil), donde se hospedó en el hogar de su primo Juan Francisco Estanislao Belgrano, que recientemente había sido padre de Juan Carlos.

De regreso a Buenos Aires -muy probablemente presentados por Pedro Pablo-, Manuela Mónica y Manuel Vega Belgrano iniciaron un romance del que se desconoce su duración. Finalmente, el 30 de mayo de 1853, en la ciudad de Buenos Aires, contrajeron matrimonio.

Manuel y Manuela tuvieron seis hijos: Gregoria Flora “Florita” (9 de mayo de 1854, Buenos Aires; falleció el 2 de mayo de 1891, Buenos Aires); Manuel León (junio de 1855, Buenos Aires); Manuel Félix (20 de noviembre de 1857, Buenos Aires; falleció el 28 de agosto de 1875, Buenos Aires); Carlos Manuel Silvano (nació el 2 de diciembre de 1858, Buenos Aires; falleció el 19 de abril de 1930, Buenos Aires); Josefa Luisa Nicolasa (nació el 10 de septiembre de 1860, Buenos Aires); Máxima Josefa del Corazón de Jesús “Pepita” (nació el 30 de julio de 1862, Buenos Aires; murió el 1 de agosto de 1864, Buenos Aires).


¿En Azul?


Según afirma Yuyú Guzmán en su libro “Estancias de Azul”, Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano de Vega Belgrano vivió algún tiempo en Azul. Para tal aseveración la escritora se basa en una carta de su hijo, Carlos Vega Belgrano, escrita en París, en la que éste asegura en referencia al pueblo:

“… tengo muchos deseos de ir a este lugar que estuvo a punto de ser el de mi nacimiento… Allí formó mi padre la fortuna que yo no supe conservar…”

La frase es contundente, pues si su madre no hubiera conocido Azul –y hasta podríamos agregar estando embarazada-, lo dicho por Carlos no tendría sentido. Asimismo, vale marcar que Manuel Vega Belgrano –esposo de Manuela y padre del autor de la afirmación-, poseía múltiples propiedades en el pueblo y en la campaña, pasando prolongadas y frecuentes estadías en estos pagos, por ende, no es desmesurado suponer que podría haber compartido alguna estadía con su esposa en el Azul.


La Madrina


El 24 de diciembre de 1860 Manuela le escribió a Pedro Pablo:

“Mi querido hermano:

Siendo imposible a Manuel y a mí asistir a que le pongan el óleo a nuestro ahijado Manuel Casimiro del Corazón de Jesús, te pido admitas a Pedrito en nombre del padrino que haga sus veces, así como que Dolorcitas me represente, para lo cual, creo, no haya dificultades (…) Mi tía Juana y demás familia envían sus afectos y yo la bendición para mi ahijado y para ti, el afecto de tu hermana.

            Manuela Belgrano

            y su Compadre

            Manuel B. Belgrano”.

Tras la muerte de su tía Juana Belgrano de Chas, Manuela Mónica le solicitó a su prima Flora Ramos Belgrano -viuda de Miguel Belgrano e hija de Juana- que junto con su hijo Luis Belgrano Ramos vayan a vivir con ella. Ambos aceptaron, mitigando los momentos de soledad que vivía la hija del General dada la ardua tarea de su esposo.

Las actividades en el hogar se tornaron más amenas para Manuela y sus hijos gracias al cariñoso accionar de “Mamá señora”, apodo con el que nombraban amorosamente a Flora o “la tía Flora” como le decía Manuel a pesar de ser prima suya y de su esposa.


Una partida prematura


Aquejada por su endeble salud, a lo que se sumó la muerte de su pequeña hija “Pepita” en agosto del ’64, Manuela entró en un pronunciado deterioro anímico y físico.

Con apenas 46 años de edad, luego de estar casi un año postrada, Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano de Vega Belgrano falleció en su hogar de la calle Potosí Nº 376 de la ciudad de Buenos Aires, en la mañana del 5 de febrero de 1866. Su deceso quedó asentado en el Acta Nº 70 del Libro de Muertos de la Parroquia de Monserrat, siendo testigos Domingo Belgrano y José M. Suárez. Finalmente sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta.

Poco después, Manuel dispuso que sus dos hijos varones, Manuel y Carlos, se incorporaran al Seminario Inglés como alumnos internos. Mientras que “Florita” quedó al cuidado de su prima Flora y de su madrina y prima Josefa Chas Belgrano.

Manuel Vega Belgrano continuó viajando entre Azul y Buenos Aires. Casi una década más tarde, antes de fallecer, Manuel nombró albacea y tutor de sus hijos menores a Luis Belgrano Ramos.




Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano


No hay comentarios:

Publicar un comentario