viernes, 14 de febrero de 2025

Cabalgando a través del tiempo....

La sucesión de Rosas y Belgrano

 

 En su libro “Estancias de Azul”, al hablar de “El Recreo”, Yuyú Guzmán explica el conflicto de intereses que se desató entre los herederos de Pedro Pablo Rosas y Belgrano, encabezados por su viuda Juana Rodríguez, y el reconocido vecino Juan Frers, ambos pretendientes de amplias extensiones de campos azuleños:

 Pedro Rosas y Belgrano (…) comenzó poblando las suertes 1 y 2, llamadas “El Recreo”, (…), mas con la omnímoda autoridad que ejercía en el Partido de Azul, no es demasiado difícil aceptar que ocupara también las 21 suertes a las que posteriormente alegó tener derecho.

Pedro Rosas y Belgrano gozó de la suma del poder público en Azul hasta 1853, en que cayó en desgracia en la acción militar de San Gregorio, desastre que le ocasionaron la ruina política y personal. En esa campaña perdió los títulos de propiedad de las 21 suertes, alegaron después sus herederos al hacer el reclamo de sus tierras.

Dice entonces la defensa de Juan Frers que Pedro Rosas y Belgrano no podía tener en ese tiempo los títulos de propiedad de suerte alguna en el Arroyo Azul, ya que la ley que autorizó las escrituraciones lleva la fecha de octubre de 1857 y que además nadie lleva a la guerra documentos de esa naturaleza.

Juan Frers había arrendado la estancia “El Recreo” en 1862 (que constaba de cuatro suertes) a Pedro Rosas y Belgrano, creyendo que éste era el legítimo dueño.

Entre tanto Juan Frers trabajaba esa tierra, el estado reconocía en 1866 la definitiva propiedad de la suerte Nº2 a Tomasa Ferreyra como sucesora de su padre Sebastián Ferreyra, quien fue uno de los primeros pobladores del Azul y primitivo ocupante de esa tierra. El 13 de julio de ese mismo año, Tomasa Ferreyra vende la suerte al Gral. Ignacio Rivas y pocos días después, éste se la vende a Juan Frers.

Continúa la defensa historiando detalladamente el proceso por el cual Juan Frers pasó a ser propietario de otras suertes reclamadas por la sucesión de Pedro Rosas y Belgrano, diciendo que en 1872, aquél compró los derechos de las 21 suertes de estancias que la señora Juana Rodríguez, viuda de Pedro Rosas y Belgrano, había denunciado antes de iniciar el testamento de su esposo. De tales suertes había que restar las suertes 1 y 2 que ya eran propiedad de Frers. Este comenzó las gestiones correspondientes, sostuvo largos y costosos pleitos y después de 17 años de gastos y diligencias obtuvo la propiedad de sólo 5 suertes de las famosas 21 pretendidas por los Rosas y Belgrano.

Las 5 suertes que pasaron a dominio de Juan Frers fueron: la número 3, que formaba parte del campo “El Recreo”, poblada por José A. Capdevila. La número 37, situada cerca del partido de Rauch, trasmitida oportunamente a Rosas y Belgrano por María de la O. Gorosito. La número 64, poblada por Juan Aguilera y denominada “Puesto de los  Bueyes”, también formaba parte de “El Recreo”. La suerte número 192, denominada “San Benito” y la 217, en el otro extremo del partido, lindando con Olavarría, campo que después Frers vendió a Blas Dhers.

En 1888, Juan Frers cede y renuncia a favor de la sucesión de Pedro Rosas y Belgrano el pretendido derecho a las restantes 16 suertes de estancia, cuya posesión jamás pudo conseguir ya que nunca se designaron por su nombre ni ubicación (…)”.

 Luego de la muerte de Pedro Pablo, la economía de la familia quedó malherida. Y aunque recibieron ayuda de los Vega Belgrano, en 1868 la viuda e hijos fueron desalojados de su hogar. El general Justo José de Urquiza también los ayudó financieramente.

Juana Rodríguez de Rosas y Belgrano falleció en noviembre de 1870.

  

Colón y Belgrano

  

Casi veinticinco años después del fallecimiento de Pedro Pablo Rosas y Belgrano, en la documentación oficial de la Municipalidad de Azul surge una simpática disposición refrendada por el intendente César Adrogué que indica:

 “Número 317. Licitación.- Habiendo vencido el término de 15 días por el que se llamó a los herederos de la testamentaría de don Pedro Rosas y Belgrano y siendo necesario dar cumplimiento a las ordenanzas municipales de fecha 20 y 27 de agosto del año próximo pasado, la Intendencia RESUELVE:

Art. 1º Llámase a licitación durante 8 días a contar desde la fecha para la construcción del cerco y vereda correspondiente en el terreno situado en el ángulo de las calles Colón y Belgrano perteneciente a la testamentaria antes mencionada.

Art. 2º Será de cuenta del contratista tanto los materiales como la mano de obra, debiendo la piedra de la vereda ser lisa y cuadrada y el cordón del espesor usado en las demás veredas construidas.

Art. 3º La altura de la pared y el ancho de la vereda será de acuerdo con lo que determinan las ordenanzas mencionadas en el considerando.

Art. 4 º Las propuestas deben ser presentadas en el sello correspondiente hasta las 2 p.m. del 6 de junio próximo, día y hora en que serán abiertas en presencia de los solicitantes que concurran.

Art. 5º La Intendencia se reserva el derecho de no aceptar ninguna de las propuestas que se presenten si ellas no llenasen los fines deseados.

Azul, Mayo 28 de 1887.

César Adrogué, intendente.

Ricardo Navarro Oubiñas, secretario.”

 

 

Más allá de dejar en evidencia cierto abandono del terreno de la sucesión, un dato interesante para destacar resulta el que indica que la propiedad de Pedro Pablo Rosas y Belgrano se hallaba en la céntrica esquina de las calles Colón y Belgrano. Es altamente posible que además de la casa en la Estancia “San Benito” haya tenido una vivienda en el propio pueblo. La pregunta que surge inmediatamente es: ¿Cuál de las tres esquinas le perteneció?, ya que la esquina Sur siempre fue parte del Fuerte y posteriormente del Municipio, por lo cual queda descartada…

  

Cabalgando a través del tiempo…

  

La Real Academia Española define al estribo como: “Pieza de metal, madera o cuero, que pende de la ación y en la que el jinete apoya el pie”. Cabe aclarar que la ación es la correa de la que pende cada estribo en la silla de montar.

Por su parte, Tito Saubidet, en su obra “Vocabulario y refranero criollo”, lo describe: “Pieza en que apoya los pies el jinete y que va colgada por medio de la estribera, de la encimera o de los bastos. Antiguamente el gaucho utilizó un estribo triangular de hierro, en el que se apoyaban los dos primeros dedos del pie; también usó el estribo pampa. En el Sud de la Provincia de Buenos Aires, en épocas pasadas y también hoy en día, algunos paisanos andan a caballo sin estribos o con uno solo, que usan del lado de montar y únicamente con ese objeto”.

            La equitación criolla tuvo como una de sus características el lujo, el cual estaba dado en el apero y las vestimentas del paisano, usando la plata como principal metal decorativo, marcando así también el poder económico del portador.

A través de los años y “por cosas del destino”, dos estribos llegaron a manos de Carlos Belgrano, descendiente directo de Francisco Narciso, hijo de Pedro Pablo.

Ambos estribos campana son de plata batida y cincelada, con decoración lineal. Cada pieza tiene en una de sus caras la leyenda “Don Pedro Pablo” y en la otra “Rosas y Belgrano”.

Según el inventario técnico del Museo Municipal de Arte Popular “José Hernández”, se trata de piezas de origen bonaerense. El cuño de las mismas reza: J. Favre, lo que hace presumir que pueda tratarse del platero Juan Favre, quien desarrollaba su actividad en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, a mediados del siglo XIX.

            Testigos mudos de días de gloria y de otras tantas frustraciones del coronel Rosas y Belgrano, los estribos se preservan como parte de la rica colección del chozno nieto del general Belgrano.



Estribos de Pedro Pablo Rosas y Belgrano



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